Reflejo condicionado

lunes, marzo 07, 2016 0 comentarios
NOTA: Segunda publicación (y corrección) del post, publicado originalmente hace ya unos años.

A menudo, con cierta periodicidad, bueno, insistentemente, le recuerdo que la mejor forma de aprender algo es asociándolo a otra cosa y, cuando esa otra cosa es; un sentimiento, una vivencia, una imagen, un sonido, un olor, etc.,  es ahí y solo ahí, cuando se logra fijar; una enseñanza, una experiencia, etc. En definitiva, aprender o como mínimo recordar algo en esta vida.

Aquel mono. En realidad un macaco rhesus, llamado Sam. Al recibir  los estímulos invertidos: descarga eléctrica en vez de golosina, cuando ya en Control de Tierra todos tiraban sus auriculares, se sacaban las gafas mientras se frotaban la sien. Incrédulos por un error tan torpe, por su parte, no del mono evidentemente. Dando ya todo por perdido, alzaron la vista y vieron a Sam, hacer lo imposible. Ignorar el reflejo condicionado(*). Miles de horas aleccionaban, condicionaban ese acto reflejo. Descarga, no tirar de la palanca. Golosina tirar. Descarga intermitente, no pulsar. Golosina por el -conducto C-, pulsar... 

Pero no, Sam hizo caso omiso a las descargas. Dolorosas e inconfundibles. No debía tirar de la palanca. De hacerlo sabía, miles de descargas eléctricas así se lo habían hecho comprender, qué no recibiría otra cosa que dolor. No un premio; su golosina. No necesitaba pensar. Su cuerpo, su cerebro, ya respondían automáticamente al estímulo. Aún así, dió un gruñido, apretó los dientes y tiró de la dichosa palanca.

En tierra suspiraron aliviados al comprobar, como Sam, ese macaco rhesus no daba al traste con la misión, pese a fallar el mecanismo de reflejo condicional de la cápsula. Mas tarde comprendieron que no había sido un error. Sam era un ser vivo, no una máquina. La máquina si falló. Sam, incomprensiblemente, no. 

Tiempo después se especuló si fue puro azar. Obcecación. Si al fin de cuentas también podría haber hecho lo contrario, pese a funcionar bien el sistema de estimulación. Aún así, continuada la misión, se perdió la señal y Sam nunca regresó. Misión fallida.

Unos cuantos años, misiones y monos después. Tenían que poner allí dentro un hombre. Debía ser un ser superior. El mensaje a dar era bien claro -esto es tan seguro, que no solo un mono lo puede tripular, sino que incluso un hombre, un americano, puede ir y venir sin miedo a morir en el intento. Promesa cumplida. Pero era mentira. Ellos lo sabían. Los soviéticos lo sabían. Yuri Gagarin y Sam, también.

Sam era consciente de que hacía lo correcto, pese a que el estímulo eléctrico le decía que debía hacer lo contrario. No quería morir por la torpeza de esos hijos de la gran puta. Él era Sam, un mono rhesus, el primero en su especie, en realidad, el primer ser de cualquier especie, en salir fuera del Planeta. No fallaría ahora. Ahora no. Pese al dolor no tiraría su vida, todo por un jodido caramelo. 

Luego, ya avanzada la misión, casi finalizada, decidió, en realidad ya lo tenía decidido mucho antes, que no volvería. No más descargas eléctricas. No más caramelos. Solo se quedaría allí. En aquel silencio. Mirando ese firmamento tan oscuro y limpio. Un cielo que nunca había visto. Ni siquiera en la selva. Había nacido en cautividad. Qué bonitas eran las estrellas. Le habían sacado todo. Todo, menos una cosa.

Diez minutos antes de la re entrada, cortó comunicaciones. Se sacó el electrodo de la sien. Pulsó unos botones. Tiró de las palancas oportunas y la cápsula con su nombre resplandeciendo al Sol, "Pequeño Joe 2", avanzó, silenciosa, hacía allí. Hacia las estrellas. 
- ¿Y que pasó luego?, ¿qué fue de Sam?

- Pues nada. Sam, se desacopló del arnés magnético, activó la reserva de oxígeno autónoma del traje espacial, desacopló la toma de la nave. Finalmente, miró una vez más las estrellas. Suspiró hondo y...

-¿Qué?... ¿qué hizo?.

- Levantó la tapa de seguridad. Introdujo el código. Pulsó el botón rojo. La puerta de la cápsula se abrió. Con un leve empujón salió fuera. Flotando ya en el espacio exterior, alzó la mano mirando a casa. Al Planeta Azul, a aquí...

-¿Y qué?.

- Dijo, saludando con la mano -***, ahora ya no olvidarás nunca la historia de como un macaco rhesus, llamado Sam, fue el primero en viajar al espacio en la cápsula espacial "Pequeño Joe 2"... y también el primero en  contradecir el reflejo condicionado en una misión. Si además recuerdas que fue en 1958, te doy un caramelo.


(*) Reflejo condicionado, descubierto a principios del siglo XX, por el ruso Iván Pávlov.

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