Trump en realidad es irrelevante

lunes, febrero 20, 2017 0 comentarios
Qué si está loco, qué si es misógino... pues que quieres que te diga, lo que si se, es que no es un  pusilánime e hipócrita, no al menos integral. Si uno lo desprende de su parafernalia, no deja de ser la encarnación del sueño americano, heredero de aquellos que se vieron obligados a irse allende los mares (o a salir por patas) a por un futuro mejor, una idea romántica, un sueño en el que no importa de dónde vengas, el dinero que tengas, el nivel cultural o qué sangre corre por tus venas, si lo intentas con determinación y logras comprar algo por tres y venderlo por seis durante el tiempo suficiente, llegará un día, en el que te veas en un torre de cristal, acompañado de una eslava de goma, que te dará unas preciosos hijos del jardinero. Trump es el culmen de  doscientos y pico años de delirio colectivo, y además, y esto lo digo sin la más mínima duda, de la sobrevaloración cuasi estúpida de la democracia. Y no aprendemos.            


Como buen oportunista, showman y hombre de su tiempo, entiende como pocos, que en la era digital, el ser o no ser, se limita a lograr trending topic tras trending topic, da igual que hablen bien o mal, si no estás, aún siendo la Madre Teresa de Calcuta, nadie «te seguirá», de facto, no existes, si el discurso es populista, más determinante aún, las redes sociales son La Flauta de Hamelin de nuestro tiempo.

Él viene de un mundo que languidece, en dónde el consumo no cubre necesidades y no cubrir necesidades genera grandes beneficios, un mundo dónde recurrir a la diplomacia es sinónimo de que vas de farol y que no tienes ni para media hostia, un mundo, su mundo, que "crearon", curiosamente, emigrantes europeos, asiáticos y también africanos de erasmus en campos de algodón, un mundo del que, gracias a Dios, a la Colt's Manufacturing Company y a Hollywood, se apropiaron con tanta maña. Ríase usted del desfase de la corona de España, que por más que digan las malas lenguas que se limitó a espoliar y arrasar allá por donde pasó, lo cierto es que hoy en latinoamericana aún existen indígenas con taparrabos, gente mestiza, y si, también muchísima criolla, mientras, en los EE.UU, cuántos nativos americanos ves por las calles... ahh si, qué tonto estoy, si que hay, están repartiendo cartas y whisky en esos campos de concentración reconvertidos en casinos. Eso si, ese sentimiento de revancha propio de la gente desechada, los ha convertido en un gran país, en muchos casos, mucho mejor que el de origen de sus ancestros.


Pero aún hay esperanza, un meteorito se aproxima inexorable, la cuarta revolución industrial, la de la I.A, del conocimiento aplicado, que cambiará tanto el panorama que ni Trump desde lo alto de su torre alcance a ver entre tweet y tweet.  En cualquier caso, ese cataclismo en ciernes, dejará en jaque también a todos esos países, que queman rueda, basando su crecimiento en una ingente cantidad de mano de obra barata, que de un día para otro dejará de determinar su cuenta de resultados al resultar netamente improductivos, y entonces, tan sólo les quedará como activo la juventud y su inherente capacidad de innovación (y muchos dientes con los que morder, no hay que descartar un amanecer zombie). Tiempos interesantes en cualquier caso, bueno... siempre y cuando el meteorito deje a alguien con vida, claro está. 
 
Trump en realidad es irrelevante, tan solo, un desafortunado periodo «pokemon», lo realmente importante es ese meteorito, que evidenciará inequívocamente que el problema de la humanidad es la humanidad en si misma, tanto que ésta está condicionando su supervivencia, y la solución, si viene, sin duda partirá del conocimiento transmutado en máquina, una máquina de una inteligencia implacable, sin alma quizás, pero sin duda carente de la debilidad y estupidez humana. Quien me iba decir que una Roomba tendría más sentido común y criterio que todo un presidente de los EE.UU, ver para creer. 

Inzitan blog

Debí elegir la pastilla azul...

Hace siglos, en Delf, ¿recuerdas?, tú vertías la jarra de leche, en casa de Johannes Vermeer, el pintor, el marido de Catharina Bolnes, hija de la señora María Thins, aquella estirada, que tenía un hijo medio loco. Pues ese, ese era yo...

0 comentarios:

Publicar un comentario

=====================================================================================

Comentarios moderados. Si ves que no aparece inmediatamente no lo repitas (posiblemente esté en espera de moderación).
En el caso de que un artículo tenga más de 200 comentarios se mostrará un link "Cargar más" debajo de la caja de comentarios.

++gracias :-)

=====================================================================================

.